Por segundo año seguido, la Conmebol debió cambiar la sede del partido decisivo de la Copa Libertadores y esta vez se va a jugar en Lima, el 23 de noviembre. O sea, se modificó la ciudad y se mantuvo el día previsto originalmente. La decisión se tomó después de una larguísima reunión en Paraguay.

La idea original de la Conmebol, que la expuso mediante Alejandro Domínguez en el cónclave con los demás presidentes -Rodolfo D’Onofrio y Chiqui Tapia, por la AFA, incluidos- fue que River y Flamengo se enfrentaran el 23 en Asunción, en La Nueva Olla, pero esa opción fue desestimada. Entonces apareció Medellín como segunda posibilidad, con Lima también metida en la disputa y hasta con Miami terciando con su poder económico.

Después de las primeras cuatro horas de conversaciones -Sebastián Moreno, titular de la ANFP chilena, fue el último en llegar por una cuestión de vuelos- en las que no hubo acuerdo, la definición pasó a un cuarto intermedio y ahí sí llegó la decisión. Lo que todavía no está definido es el estadio, si el Monumental o el Nacional. El primero tiene una capacidad para 80.093 personas (o sea, habría 31.428 lugares más ya que la capacidad del estadio Nacional de Santiago es de 48.665). En el Nacional de Lima, en cambio, entran 50.000 personas y el 23 está previsto un festival de salsa.

Indudablemente, las definiciones de la Copa no tienen paz. Después de todo lo que pasó el año pasado con el superclásico, que se terminó definiendo en el Santiago Bernabéu, ahora fue el estallido social que sacude Chile desde el 18 de octubre lo que llevó a esta situación. El estadio Nacional de Santiago había sido elegido en agosto del año pasado para la primera final única de la historia, pero es imposible organizar algo así en medio de lo que sufre Chile.

A pesar de los millonarios contratos firmados y de la gran inversión que hizo Chile para recibir esta final, y más allá de que la semana pasada Cecilia Pérez, ministra de Deportes trasandina se mantuvo firme para que se jugara en el Estadio Nacional de Santiago, las manifestaciones que se mantienen en Chile impidieron que River y Flamengo definan al campeón en un contexto tan complicado. De hecho, el lunes se intensificaron las advertencias de un bloqueo a los accesos del estadio si finalmente la finalísima se jugaba ahí.

Con Rodolfo D’Onofrio presente en Luque, junto a Alejandro Domínguez (presidente de la Conmebol), Chiqui Tapia (titular de la AFA) y los principales dirigentes de Flamengo, la Confederación Brasileña de Fútbol y la ANFP chilena, hubo acuerdo y el equipo de Gallardo buscará el bicampeonato en Perú, donde justamente empezó el camino en la actual edición de la Copa.

Si el año pasado fueron los piedrazos al micro de Boca que impidieron que la Copa se entregara en el Monumental, ahora es el estallido en Chile lo que provocó que la Conmebol cambie la sede de la final por segunda edición seguida. Una sede que había sido elegida en agosto del 2018.

Fuente Olé.