El 29 de junio no es una fecha ordinaria en el calendario del futbolero y del argentino todo. Ese mismo día, pero en 1986, el pueblo se paralizó y el mundo comenzó a hablar de un país en el sur del mundo que tenía, a pelusa, deslumbrando talento en el estadio Azteca. 

Los que estuvieron en la cancha dicen que el sol quemaba hasta la gramilla. El contexto era vertiginoso, 115mil espectadores que verían por primera vez una final entre Alemania y la albiceleste. Pero como toda historia épica no hay Quijote sin Sancho, ni Batman sin Robin, en México, el Tata José Luis Brown, abrió el marcador a los 23 minutos del primer tiempo para asegurar la ofensiva argentina. Diego Maradona en su red Instagram expresó a Brown: “Sin vos no hubiesemos ganado el mundial. Nunca te quejaste de nada. Siempre con buena onda. Aunque sabías que no ibas a ser titular en México siempre entrenabas”.

El arranque del mundial

En la primera fase de la competencia, Argentina integró el Grupo A. Debutó en el Estadio en la Ciudad de México ante Corea del Sur y con un triunfo por 3-1 donde el diez obtuvo las mejores patadas karatecas que un futbolista puede recibir. Luego igualó con Italia 1-1 y le ganó a Bulgaria para clasificar primero en la zona. En octavos, el seleccionado, se traslado a Puebla donde Pasculli le dio el triunfo ante la uruguaya escuadra comandada por Enzo Francescolli. Ese día Maradona se lució.

El gol del Siglo

Después de la Mano de Dios ante los británicos, que hoy con el VAR seguramente hubiese sido impugnado, vino el momento más álgido de la epopeya que proyectaba una batalla virtual que se prolongaba de aquella herida supurante que fue la guerra en Malvinas. No existe momento en la historia completa de la Selección Nacional que se complemente tan bien, entre la destreza de Diego desde atrás de la mitad de la cancha , y el relato del uruguayo Víctor Hugo Morales contando con precisión el sentimiento que se vivió en el estadio y en los hogares de millones de argentinos.

Levantaron la copa

Otra vez en la final, en el segundo tiempo, Jorge Valdano  estiró la ventaja, a siete minutos, Alemania lo igualó. Karl-Heinz Rummenigge y Rudi Völler quisieron llevar la definición del Mundial a tiempo extra. Pero Burruchaga  le devolvió la victoria a la Albiceleste y el pitazo final del brasileño  Arppi Filho sacó de la garganta el grito de felicidad más esperado por el pueblo argentino.

Parafraseando a la dueña del mercado chino más viral del momento “¿Por qué? No hay por qué”. Lo mismo sucede en el fútbol no existe explicación para vivir con intensidad este deporte. Pero lo cierto es que se disfruta y se siente pasionalmente. Así de cierto también es, que el Mundial de México 86 y la magia del pelusa con la camiseta 10, quedará como una foto que se guarda y se mira todos los días para enorgullecernos de ese momento tan especial donde Argentina se sintió en el mundo.

Por redacción.