A más de un año de su primer anuncio, el proyecto de modificación del Código de Faltas que prohibe la actividad de los cuidacoches en la provincia ya se encuentra en la Legislatura, con la particularidad de sancionar también a los limpiavidrios.

Estos últimos, que se encuentran principalmente en la Costanera, no tenían impedimentos a la hora de realizar su actividad por encontrarse sobre un territorio de jurisdicción provincial, por lo que los municipios no podían tomar ninguna medida contra ellos en esa zona.

En cuando a los «trapitos», sólo Ciudad tomo la decisión de prohibirlos, mientras que en otras comunas señalaron en reiteradas ocasiones la necesidad de un apoyo legal desde la Provincia para hacer frente a las casos de de denuncias por extorsiones y amenazas al momento de estacionar un vehículo.

Por lo tanto, el artículo 57º del proyecto contempla una multa de hasta 9.500 pesos o 10 días de arresto para aquellos que sin pertenecer a los programas de los municipios, exijan o acepten dinero por permitir el estacionamiento o se aleguen el cuidado de vehículos en la vía pública.

En caso de que el cuidacoches opere en las inmediaciones de un lugar donde se realice un espectáculo público, la sanción se elevará al doble.

Lo mismo se aplica para la limpieza de vehículos en la vía pública, ya sea de forma total o en alguna parte de los rodados, según aclara el Artículo 58º, sin importar si se encuentran estacionados o detenidos momentáneamente en los semáforos, como ocurre con los limpiavidrios. En estos casos, las multas van hasta los 7.600 pesos y los 8 días de arresto. En estos casos también se duplica la sanción si ocurre alrededor de un espectáculo público.

A fines del año pasado, el gobernador Alfredo Cornejo apuntó contra la «mendicidad violenta», sosteniendo que la ley debía sancionar este tipo de actividad. Si bien las principales críticas y proyectos se orientaron hacia los cuidacoches, hasta ahora no existía ninguna propuesta firme sobre cómo actuar con los limpiavidrios.

El problema que se genera es similar al de los «trapitos»: se trata de personas que en general viven en un contexto con problemáticas sociales y que se ofrecen a limpiar los parabrisas de los vehículos en los semáforos, generando también situaciones de tensión en la que se visualiza más una amenaza que un servicio.

Fuente: El Sol