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El veredicto fue por unanimidad, luego de que el jurado popular coincidiera en que el israelí es culpable de la muerte de las dos mujeres.

Un jurado popular que concluyó que el israelí Gilad Pereg no desvariaba al ahorcar a su madre, dispararle a su tía y luego empalar los cadáveres con fierros, en la zona del ano y la vagina, mutilando los cuerpos. Posteriormente, los enterró en su propiedad ubicada en calle Roca de Guaymallén.

Por unanimidad, el jurado coincidió con el pedido del fiscal Fernando Guzzo que había considerado "culpable" a Pereg de un "asesinato despiadado" con "plena consciencia de la criminalidad de sus actos".

Horas antes, durante la mañana, Pereg reiteró en sus últimas palabras que lo estaban "tratando de culpar a la fuerza" y que le "plantaron" los cuerpos en su casa luego de detenerlo.

"Nunca negamos que tiene una enfermedad, que padece una patología" pero "no es inimputable", manifestó el fiscal en su alegato de clausura ante el jurado.

En tanto, Claudia Vélez, representante de la familia de las víctimas, al igual que la fiscalía, pidió que el jurado dicte un veredicto de culpabilidad.

El defensor Maximiliano Legrand expuso un resumen de los dichos de los peritos que entrevistaron a Pereg y lo consideraron "loco", "alienado" y con "un trastorno delirante" y en base a ello solicitó que Pereg sea declarado no culpable por inimputable o, de ser condenado, lo sea por homicidio atenuado por su condición.

De acuerdo con la investigación, en enero de 2019, ambas víctimas habían arribado a Mendoza para visitar al imputado, que residía en un predio con una casa muy precaria que estaba llena de gatos y algunos perros en estado de abandono.

Las hermanas israelíes fueron vistas con vida por última vez el 12 de ese mes en ese domicilio, situado en la calle Roca al 6000 de Guaymallén, y 14 días después la Policía Científica encontró sus cuerpos mutilados y tapados con piedras y tierra en un sector del mismo predio.

Tras ser descubierto el doble crimen, Gil Pereg quedó detenido y durante su estadía en la cárcel mostró comportamientos extraños y aseguró ser "un gato", lo que reiteró en diversas oportunidades y audiencias en las que, incluso, comenzó a maullar frente a los magistrados.